Estamos hablando de Jesús, el Cristo, quien vino por medio del agua, mediante su bautismo, y por medio de la sangre, mediante su muerte. Vino por medio del agua y la sangre, y no solo por medio del agua, sino por medio del agua y la sangre.
Y el Espíritu es testigo de la Verdad, porque el Espíritu de Cristo es verdadero.
Porque en el cielo hay tres testigos de todo esto: el Padre (Yehová), el Verbo (Yeshúa) y el Espíritu Santo. Y estos tres son uno (Echad).
En la tierra también hay tres testigos: el Espíritu, el agua y la sangre. ¡Y estos tres están en completa unión!
Si damos crédito al testimonio de los hombres, mucho más crédito debemos dar al testimonio de Elohim. Y el testimonio de Elohim es este que dio testimonio de su Hijo.
Quien cree en el Hijo de Elohim tiene el testimonio en sí mismo; quien no cree en el testimonio de Elohim acerca de Él, llama mentiroso a Elohim.
Y este es el testimonio: ¡Dios nos ha dado vida eterna! ¡Y esta vida se encuentra en su Hijo!
Y la conclusión es sencilla: Quien tiene al Hijo de Dios, tiene la vida; quien no tiene al Hijo, no tiene la vida.

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