¡Oh Yahvé, cuántos son mis enemigos! ¡Cuántos conspiran contra mí!
Aumenta el número de los que dicen de mí: «El Creador jamás lo protegerá».
Pero tú, oh Yahvé, eres mi defensa, mi fortaleza, y quien me enaltece.
Clamo a Yahvé, y desde su monte santo me responde.
Cuando me acuesto, me duermo; y despierto de nuevo, porque Yahvé es quien me guía.
No temo a los muchos desafíos que me rodean.
¡Alza tu mano en mi favor, oh Yahvé! ¡Sálvame, mi Redentor! Destruye los obstáculos en esta batalla y derriba los muros.
De Yahvé viene la salvación, y tu bendición está sobre los que te pertenecen.

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